En 1929, un grupo de arquitectos
contempló la posibilidad de erigir un evocador límite fronterizo que celebrara
la conexión entre América del Norte, Centroamérica y Sudamérica.
Estados Unidos elige un nuevo presidente
y este, inmediatamente, propone una audaz intervención en la frontera con
México: Una ‘Puerta Internacional de la Amistad' que simbolizará los magníficos
lazos entre ambas naciones. Esto, que más bien parece un cuento de hadas, sucedió
en realidad. Fue en 1929, y el entonces presidente electo, Herbert
Hoover, había planteado la idea de construir algo monumental en honor a
nuestros pares en Centro y Sudamérica. La información procede de documentos
históricos tomados de la Vigésimo Segunda Beca Lloyd Warren, Premio de París en
Arquitectura, y ha sido conservada por el Instituto Van Alen de Nueva York.
El hecho no deja de sorprender, pues la
administración Hoover (con el apoyo de autoridades de algunos estados y
ciudades), posteriormente, ayudaría
a deportar o a
‘repatriar’ hacia México a cientos de miles de mexicanos -y de ciudadanos
estadounidenses de ascendencia mexicana- durante la Gran Depresión, en parte
debido a recelos de tipo laboral. A continuación, una argumentación extraída
del ‘ Primer Ejercicio Preliminar
para el Vigésimo Segundo Premio de París de la Sociedad de Arquitectos de
estilo Beaux-Arts’: “Por sugerencia del presidente electo
Hoover, se ha propuesto construir una ruta internacional que profundice las
relaciones de amistad y comercio entre las tres Américas... Esta ruta cruzará
nuestra frontera por encima del Río Grande hacia México. A su vez, el programa
convoca a levantar, al borde del río, un monumento que simbolice el naciente
vínculo entre las Repúblicas del nuevo mundo”. El proyecto,
presumiblemente, nunca comenzó a edificarse. En Google se puede
encontrar un recorte de prensa contemporáneo acerca la
existencia del concurso, sacado del Brownsville Herald de Texas,
aunque trascendió una versión diferente, más
pequeña y mucho más triste que data de los setentas en la
frontera entre San Diego y Tijuana. Sin embargo, los bocetos eran algo
disparatados, llenos de arcos y torres que tocaban las nubes y de figuras
divinas presidiendo la que habría sido una avenida de 50 pies de ancho.
Siempre lo decidirán los mandatarios, yo llego y yo hago lo que quiero, sin respetar en absoluto lo pensado, planeado o propuesto. Lo malo es que cuando se va, viene otro y hace lo mismo.
Y los Borregos aguantando siempre!
Lo que quyiere decir que la idea del muro no es nueva. Entonces por qué se asustan, o ¿no saben de la historia de su país?
ResponderEliminar¿Y acaso no hay mas muros en el mundo?