Así se podrá predecir
cuáles son tus recuerdos
Los estudios indican que recordamos mejor las experiencias
emocionales que aquellas más rutinarias. Según la profesora Deborah Talmi, esto
será fundamental de cara al mañana
A estas alturas es
quizá una obviedad decir que el futuro (o, para ser más
precisos, el presente) parece que será un espejismo de la serie 'Black
Mirror'. Por si no lo recuerdas, hay un capítulo en el que se muestra
un mundo distópico en el cual todos los humanos tienen un "grano"
(así lo llaman) instalado en el cerebro que les permite volver constantemente
atrás en el tiempo y observar sus recuerdos. ¿El problema? Como con las
redes sociales, no podía ser otro: la obsesión. El protagonista repite
hasta la saciedad el momento en que ha tenido una entrevista de trabajo, la
primera vez que hizo el amor con su mujer o un encuentro en el que, piensa,
presa de los celos, que ella le ha engañado. Al final, como no podía
ser de otro modo, termina por arrancárselo.
Es probable que te
acuerdes del primer beso que diste, aquel viaje soñado o la vez que
visitaste a un familiar en el hospital. La gracia que tienen los recuerdos es,
justamente, lo poco precisos que son, como si se vieran envueltos en una
nebulosa. Algunos momentos de nuestra vida son increíblemente intensos y se
guardan en ese compartimento del cerebro, mientras desechamos la rutina
del comer, dormir o trabajar, pero no está verdaderamente claro por
qué unos recuerdos prevalecen frente a otros, aunque se cree que las emociones
pueden tener mucho que ver. Algunos estudios han revelado que aquellas imágenes que provocan respuestas positivas o
negativas quedan más tiempo grabadas en nuestra memoria.
Las experiencias
A lo largo de los años se ha tratado de responder porqué
esto es así. Algunos argumentan que las personas simplemente prestan más
atención a las experiencias que les interesan, lo que significa que estas
tienen prioridad y superan a las demás. De acuerdo con esta teoría, es la atención que
se presta
durante la codificación inicial de la información lo que ayuda a recuperarla
más fácilmente en el futuro. Pero también lo que sucede justo antes y
después de ese recuerdo que se quedará grabado es muy importante. Por ejemplo,
si a una experiencia excitante le sigue un periodo de calma, será mucho más
fácil volver a ella con la memoria.
Como le sucedía a Proust cuando tomaba una
magdalena y eso
le hacía volver a su niñez y a sus paseos por Combray,
todo lo que rodea al recuerdo en concreto será importante. Si, por ejemplo,
esta mañana desayunaste mientras leías el periódico,
será útil para recordar qué comías el pensar en qué estabas leyendo. La memoria
del desayuno estará vinculada a ese momento hasta que fabriques otro. Cada una
de nuestras experiencias, según esta teoría del recuerdo de la memoria existente, está vinculada al estado mental que
tenemos en ese momento. Y el vínculo entre una experiencia y su contexto mental
es más fuerte cuando la experiencia es emocional (por ejemplo, cuando pasamos
miedo porque sufrimos un accidente y no
cuando desayunamos).