Noche víspera de fiesta.
Tranquilidad total.
Tumbada en el sofá, película, mantica y el gato en mis piernas.
De repente el sofá, que es enorme, empezó a tambalearse a la vez que los muebles, era un tock tock tock que duró un siglo al medirlo con mi terror.
El gato se puso a cuatro patas, asustado, mirando alrededor.
Y por fin recobré el sentido.
Llamé a mi hermano, que vive muy cerca, en un 8º piso como yo, quería saber que estaba haciendo.
Tardó en contestarme.
* ¿Que pasa, te ha ocurrido algo?
* ¿No lo has sentido?
* ¿El qué?
* El terremoto, ha sido de 3,9 lo he visto en el ordenador.
* ¿Y por eso me llamas? estaba dormido.
* ¿Qué hago? ¿Me visto y bajo a la calle?
* No seas loca, vete a la cama. El gato sentirá antes que tu si viene otro, Vete a dormir.
* Pues el gato está llorando en la puerta de entrada pidiendo que le abra la puerta.
* Venga, no le des vueltas y vete a dormir.
La verdad que no me tranquilizó mucho, yo solo pensaba en el siguiente, mas fuerte o solo una réplica.
Me quedé en el sofá, con el bolso a mano, metí tabaco, dinero, las llaves y el móvil.
Y a mi lado abrigo y una manta chula por lo que pudiera pasar, así les ahorraba una a la policía.
Puse un cigarrillo de pie y me quedé dormida mirándolo.
Esta mañana estaba tumbado.
Día tranquilo que espero que nada lo altere.