Hoy hablo de las madres olvidadas.
Nosotras hemos tenido que aprender a vivir solo con el
recuerdo, cada día más borroso, de aquellos días felices, marcados por la
entrega de incalculable dosis de amor incondicional.
Hay madres de diversos tipos: madres que se dedican al hogar,
las que tienen que salir a trabajar por necesidad o porque desean desarrollarse
profesionalmente.
Las que han dejado sus sueños a un lado para convertirse en
cuidadoras absolutas de sus vástagos, las independientes, las madres solteras,
las emprendedoras, las abandonadas por sus maridos, las exitosas, las
abnegadas, en fin, a todas:
FELIZ DIA DE LA MADRE
No obstante, con suma tristeza debemos aceptar que hay madres
que han sido olvidadas, pues no todos lo hijos piensan así, o bien, son incapaces
de demostrar algo de respeto y consideración, aun cuando todavía están a tiempo
de hacerlo.
Las que hemos sufrido frialdad, indiferencia e ingratitud de
nuestros propios hijos.
Esos seres que cuidamos, protegimos y por quienes nos
sacrificamos durante muchos años desde que nacieron, al crecer optaron por
alejarse, por abandonar a su suerte a quienes les dieron la vida, dejando una
amarga sensación de vacío y soledad.